Manuel Haro Campos nos sirve de guía en la prosa poética

Manuel Haro ha dado una vuelta con su forma de escribir al panorama literario actual. Hoy pocas personas desarrollan la prosa poética, se trata de un «rara avis» y, en Manuel Haro, es tan intrínseca que la usa incluso en su forma de comunicarse a diario. Acabamos de publicar dos de las obras de Manuel Haro en nuestra editorial y tenemos que confesar que ha sido un verdadero placer leerlas; es adentrarse en otro mundo de la mano de un maestro. Sus dos obras:  «El Quijote de mi abuelo» y «Granada en pipirrana» son muy diferentes y a la vez complementarias en su visión de este mundo. En ambas podemos ver la importancia de sus raíces familiares, de las tradiciones y de la tierra donde se crió; la magia de Granada se asoma en su obra «Granada en pipirrana» y se muestra al visitante desde el interior.

Con esta entrevista pretendemos adentrarnos en la particular forma de entender y vivir la escritura de Manuel Haro Campos. Esperamos que os guste tanto como a nosotros su visión honesta, sincera y poética de la realidad.

Manuel, ¿Cuándo empezó usted a escribir?

Ante todo quiero dar a conocer la procedencia y origen de mi afición, escuelas y facultades por las que he pasado. En primer lugar destaco la escuela paterna, la más importante en calidad, amor y provecho, que los protagonistas sin saber su afán ponían; mi madre solo sabía leer, no escribir ni cuentas, y mi padre jornalero de campo, hombre de escasa leyenda, con cariño nos enseñaban más de lo que podía.

De cinco a seis años fui parvulario en casa de una viuda necesitada, diez céntimos de peseta y una «sillita» llevábamos los colegiales todos los días a la «amiguita»; entre los pesebres de un tinado pasábamos el tiempo cantando. “El cigarrón se voló porque quería corbata”. Otra cosa no sabía la maestra Federica.

De seis a doce años estuve en la escuela nacional; muchas veces a mí me pregunto, ¿Cómo un solo maestro en una escuela rudimentaria controlaba a tanto niño? Más de un centenar y varios cursos a la vez; y lo peor, que algunos éramos pollinos indomables con anteojeras y bozal. En un lado de la mesa el maestro tenía una regla, y el otro una vardasca de olivo, usaba una u otra, según la falta cometida. Ningún padre protestaba al maestro por haberle pegado al hijo, con todo respeto le decían, don Salvador, cuando le haga falta un cogotazo, usted tiene mi permiso; al maestro se le obedecía y respetaba tanto o más que al padre. No como ahora, “tío pa cá”, “tío pa yá”, hasta le hacen musarañas y le tiran bolitas.

En la etapa de mi niñez, al vivir junto a la torre de la iglesia, las campanas me llamaron y me hice monaguillo.

Mis primeras herramientas escolares fueron, un portalibros de madera y correíllas, una pizarra y pizarrín, las Cartillas, 1ª, 2ª y 3ª; los Catones o Rayas que también se les llamaba, 1º, 2º y 3º; el Manuscrito, el Lecciones de cosas, y por último el Quijote, el mejor libro que ha pasado por mis manos

Seis años duraron los estudios primarios que poco provecho dieron, era imposible estudiar en continuo alboroto, la culpa era de la vida, no del maestro.

A la edad de doce años las circunstancias lo exigieron, la sotana de monaguillo y los artilugios escolares fueron trocados por el látigo, espuerta, azada, hoz y almocafre. Por tradición familiar, con estas herramientas trabajaba a jornal en terreno ajeno.

Al llegar el servicio militar, los trabajos del campo quedaron aplazados; a pesar de que las milicias eran serias y duras en Los Pirineos, yo tuve mala y buena suerte, en la página 15 del libro, «El Quijote de mi Abuelo» se comenta. Se terminó la etapa cuartelera y vuelta al trabajo rural. Las penalidades de la época obligaban a buscar caminos de superación.

No recuerdo por que medio llegó a mi conocimiento, el anuncio de una convocatoria de 25 plazas de capataces mecánicos agrícolas, en una granja escuela de Sevilla, con internado gratuito, (que era primordial). (Atendiendo el dicho peculiar de mi padre que decía, al que Dios lo hizo bien, Sevilla le dio de comer). Sin pérdida de tiempo recopilé la documentación que exigían y a toda prisa la envié porque el tiempo apremiaba. Mientras tanto, todas las noches después del trabajo, sacando fuerzas de adonde no había, traté de ponerme un poco al día. Pasado una temporada me avisaron para los exámenes de ingreso.

Recuerdo, que una tarde al regreso del trabajo todo manchado de sudor y barro, mi madre que estaría al acecho salió a mi encuentro y susurrando al oído me dijo; Manolo ha venido una carta para que te vayas a Sevilla, le contesto, será para los exámenes, no, que tienes que llevarte la maleta, porque si apruebas te quedas allí. Y así será, porque todos los días se lo he pedido a la Virgen.

Que mal cuerpo se me puso cuando el día de la presentación llegué al Cortijo de Cuarto recinto de la escuela, solo eran 25 plazas, y allí había más gente que en la feria.

Gracias a la Virgen de las Nieves, que por consejo de mi madre como estampa me acompañaba, y al Gran Poder de Sevilla, que sin conocerme de nada me echó una mano; y la cosa, salió adelante. Qué alegría más grande recibí al día siguiente, cuando al observar en el tablón de anuncios el listado con los aprobados, y mi nombre figuraba en quinceava posición. (Aquel mismo día, los aprobados podían tomar posesión de la plaza) de hecho así fue.

Durante los años 1.958 – 59, realicé los cursos predichos; hago saber que en las primeras clases lo pasaba «canutas», aquellos estudios estaban programados para gente más preparada que yo.

Las clases de física y química para mi eran un tormento, al terminar salía del aula con una «maraña de grillos» en la cabeza que no podía soportar. Química orgánica, inorgánica, hidrocarburos, metales metaloides, átomos, neutrones, núcleos, símbolos, valencias, ácido esteárico, margárico, oleico, hidróxidos, metanos, carbonos, gases, óxido ferroso, etc. etc. Yo solo conocía el acero de la azada, el de la hoz y el del almocafre.

Se iba el químico y llegaba el botánico con sus labriegas y comentarios. Cementeras, barbechos, eriales, plagas tratamientos, insectos, ceratitis capitata, dácus oleae, dípteros, himenópteros, coleópteros, pétalos, androceo, gineceo, bulbos, rizomas, anemómetro, pluviómetro, teodolito, pantómetra, etc. etc.

Se iba el de las flores y llegaba el de motores con su rollo de válvulas, coronas, transmisiones, cadenas, piñones, poleas, engrases, bujías, octanos, inducción émbolos, inyectores, pistones, camisas, admisión, compresión, chispa, explosión y escape. Todos salíamos corriendo no fuera a reventar la clase.

En otros horarios se hacían trabajos de taller, manejo de tractores y maquinaria, soldaduras en varias modalidades, y otras prácticas adyacentes.

Todas las clases no eran de miedo para mí, cuando tocaba prácticas de campo, los cuellos se encogían y estiraban a la inversa, como si se tratara de un líquido jugando en vasos comunicantes. Debido a ello, en las labores ordinarias de experiencias de secano y riego, pronto me hice acreedor del número uno; al ser granja agrícola, la puntuación de estos conocimientos era más valorada que los de las otras materias; así que a mí me servía para sacarme las espinas de las otras clases que tanto me fastidiaban. Que con empeño, poco a poco la balanza se fue nivelando.

Tanto fue así, que terminé los cursos obteniendo el número uno de la promoción. Quiero hacer constar, que la primicia no se debió expresamente a las sabiendas, ya que había compañeros que en algunas asignaturas me superaban, si no acordada entre los profesores y el director, por haber sido el alumno más destacado durante el aprendizaje en comportamiento y superación.

Para dar fe de ello, en mi poder guardo un certificado expedido por la secretaría del centro.

Yo siempre tenía en mente el trabajo y estrecheces que mi familia pasaba para que yo estudiara, y no les podía defraudar. ¿Qué razón tenía mi padre con su peculiaridad sevillana?

En el año 1.962, amplié estudios agrícolas en una Granja Escuela en Gimenells, Lérida.

Posteriormente, he trabajado como capataz agrícola en el I.N. de C; organismo dependiente del Ministerio de Agricultura; en las Delegaciones de Talavera de la Reina, Jaén y Sevilla.

Durante mi vida laboral, además de cosechar productos agrícolas, en tiempo libre he tratado de recolectar y almacenar en el troj de mi hemeroteca recortes de los temas culturales que he tenido a mi alcance; para mi provecho y el de los míos.

Nunca me ha gustado desperdiciar el tiempo, al postre, en los últimos años de jubilación, como por el desgaste de los años, las ocupaciones que no son sedentarias obligadamente quedan desplazadas, dedico el tiempo a cultivar el gusanillo que en mi vejez ha despertado. A mi manera escribo relatos, leyendas, anécdotas y opiniones, que algunos de ellos al haber sido publicados en la prensa, han tenido repercusión social. Como recuerdo los guardo en compendio. Por último libros.

En el año 2.012, como aventura familiar comencé mi primer libro, titulado EVOLUCIÓN DE UNA METAMORFOSIS, con 425 páginas. Que por reforma del mismo, próximamente saldrá nueva edición. En los tablados de este escenario se narran las vivencias familiares, ficticias y reales, todas forman parte del proceso de transformación que se sigue para ir de niño a viejo. Es decir, el panorama de la vida.

En el 2.014, terminé mi segundo libro, titulado GRANADA EN PIPIRRANA, con 245 páginas, que también por reformas, próximamente lo tendremos al alcance de la mano.

El contenido de este libro es polivalente: Es historia, es novela, es biografía, es cultura, es deseo de conocer Granada, su pasado, sus hechos, sus paisajes, sus costumbres y su gente.

Utilizando la experiencia de la vida, los ingredientes culturales que la naturaleza me ofrece, el granulado benigno de la fruta que nos anima, y los condimentos que corresponden. A mi manera he preparado esta culinaria en forma de “pipirrana”. Espero que les sirva de utilidad a los comensales que la gusten. En definitiva, se puede decir que el libro es un cúmulo de aromas granadinos.

Animado por mis hijos, nietos y la ilusión; a primeros del 2.015 comencé mi tercer libro, EL QUIJOTE DE MI ABUELO, con 335 páginas. Mi mejor libro. Que como los anteriores, próximamente estará a disposición de los interesados.

Sin permiso de la academia he escrito esta leyenda, no con ánimo de ofensa si no de agrado, no es mi propósito infundir tristeza al paisaje, a la inversa, he querido dar aliciente a los hechos y alegría a la vida. A la vez que mato el tiempo espigo en estos rastrojos, que de buen grano están sobrados y mis trojes vacíos.

Participo en este escenario poniendo en práctica mi modesta y octogenaria habilidad, creando una variante, mejor dicho «mini hijuela» de la novela madre de la literatura universal.

Mi pluma, al no disponer de almacén que le sirva de provisión y fermento para elaborar productos propios, se ha visto obligada a copiar de la experiencia del tiempo. Debido a ello, al caminar por la lectura, será posible encontrar fallidos y tropiezos; de antemano pido perdón.

La querencia que desde niño me une a los  fabulosos personajes que pueblan este libro, ha servido de resorte y estímulo para retrotraerlos en el tiempo, y con mi torpe bolígrafo darles un toque de vida, para que sigan caminando sin pies y dialogando sin voz, como hábiles docentes en su enseñar, que ni muere ni anticúa.

El maquillar la versión con ánimo “picantón” no ha sido con interés de amancillar, todo lo contrario, he querido que sirva de cebo y estímulo para engolar al rezagado lector.

Por último, decir que los hijos todos son queridos, pero siempre hay alguno que por edad o condición se distingue entre los demás; eso me pasa con mi Quijote, será por ser el más joven, cada vez que lo leo, nuevo cariño me da.

Seguido doy a conocer mi último trabajo, libro titulado, RECUERDOS DEL SIGLO XX, DÍLAR Y SU GENTE. Escrito en el año 2.016. El libro tiene 150 páginas, y como su nombre indica, se basa en retrotraer a la actualidad, recuerdos y hechos pasados.

Este libro es el deseo que desde siempre he tenido, de ofrecerle a la Virgen de la Nieves, patrona de Dílar y Sierra Nevada un obsequio, a cambio de su compañía y favores que de ella he recibido. El Ayuntamiento del pueblo y la Hermandad de la Virgen se encargan de los costes de impresión y distribución del mismo, siendo los beneficios para la Hermandad.

Como de anterior se ha dicho, yo nací en Dúrcal, pueblo que por la sierra se hermana con Dílar; pueblos que al tener por montera a Sierra Nevada, los dos son vistosos, frescos y limpios.

Amo a Dúrcal mi pueblo, pero también a Dílar, porque allí he crecido, allí aprendí a vivir, a querer, a jugar, a trabajar, a sufrir y a ser feliz.

Si alguien de los lectores de estos relatos visita Dílar, que solo dista de Granada 10 Km, le recomiendo que suba a la Ermita, un paseo, además de ver a la Virgen que en su casa de campo vive, desde la explanada de aquella loma puede contemplar el escaparate más bonito y hermoso de toda la provincia, desde allí se ve la capital de Granada, toda la vega, los pueblos, y toda la sierra hasta el picacho Veleta,  si hay nieve en las cercanías, mayor será el placer.

¿Qué es lo que más le gusta escribir? 

Me gusta escribir de todo lo que sea legal, instructivo y razonable; siempre con ánimo dinámico, es mi condición, la tristeza no está con migo. Escribo temas populares, biográficos, históricos y novelescos.

¿Qué le induce a escribir? 

Varios son los motivos que me llevan a escribir, en primer lugar invertir el tiempo vago ya que nunca me ha gustado desperdiciarlo, seguido la ilusión de almacenar en mi hemeroteca temas seleccionados, y posterior si merece, darles liberación para que los amantes de la lectura los lean y opinen sobre ello.

¿Qué le gustaría decir a las generaciones actuales sobre el arte de escribir?

A las generaciones que viven alejadas del papel y la pluma yo les diría, que no hay mejor dedicación para pasar el tiempo que la escritura y la lectura, son las formas primordiales para despejar la mente y asimilar tradiciones y hechos.

Mi lengua no está autorizada para descifrar esta pregunta, pero sí, a las personas que viven emparentadas con la tableta, y alejadas de las formas tradicionales les preguntaría como a un vecino mío de nombre extravagante, que anda por segundo de carrera y es muy enterado, ¿Eustaquio, adonde nace el río Ebro?, me contesta, espera Manolo que lo busque en internet. Antes de las nuevas tecnologías, todo se llevaba en la cabeza, y si esta fallaba en la libreta, el mundo funcionaba. En la actualidad no hace falta cabeza ni libreta, todo está en internet.

Reconozco que mi bolígrafo parece estar hecho de un chocolate veraniego y maduro, que por el papel camina como borracho, dejando por huellas letras descarriladas y faltas de contenido; pero a la vez tengo en cuenta, que más rudos fueron los artes que utilizaron los primitivos grafólogos, y tan interesantes reliquias que nos dejaron. Según historia, los pioneros avíos de escribir llegaron a este mundo en tiempos inmemorables, sus anfitriones, cavernícolas y rupestres, utilizando procedimientos rudimentarios, nos dejaron su identidad impresa en rocas y otros medios naturales; el papiro de origen botánico o animal, que acompañado de la pluma avícola, aparejados trabajaron largo tiempo por el bien de la humanidad.

Seguido llegó la pizarra, pizarrín, tiza, lápiz de grafito, plumilla, tintero, bolígrafo y otros; la imprenta, y la máquina de escribir con su arte, la mecanografía, que nos ha dejado selectos recuerdos. Seguido la informática, que según manejo  abuso y formas, puede llegar a tachar la salud de la sociedad. El tiempo lo dirá.

Allá por los años mil trescientos noventa y algunos, el alemán Johannes Gutt enberg, con su inversión en la forma de impresión con letras movibles, dio el mayor impulso a este arte, elevándolo al generalato de la época.

En la actualidad, la informática lo impulsa a rango superior.

Tocando el tema de la informática, aprovecho para agradecer desde esta ventana al Ilustre Manchego D. Emilio Calatayud, Juez de Menores afincado en Granada, su meritoria labor dedicada a la recuperación y compostura de vidas rotas; por la droga, el alcohol y la informática. Las nuevas tecnologías influyen y mucho en estos males, sus constantes advertencias nos lo dicen. No solo se bastardean las relaciones sociales, también las mentales y vitales corren peligro; los reiterados casos de acoso a menores y otras anomalías lo testifican.

Es doloroso para mí sin ser afectado, encontrarme en cualquier lugar y hora, a jóvenes, al parecer de buen semblante y disposición, acurrucados sobre la pared o el suelo, horas y horas en la misma postura, a expensas de frío o calor, tecleando a toda prisa la «maquinita», buscando el no sé qué; porque al final terminan con las manos vacías y el ánimo estropeado. Y a otros no tan jóvenes que andan por la calle despistados, con los dedos, los ojos y la mente clavados en la tableta, que no llegan a tropezar, por que el viandante opuesto lo esquiva.

Dicen los entendidos, que el uso de los móviles y las «maquinitas», es bueno para el despeje y desarrollo de la inteligencia; hasta cierto punto yo diría, los excesos hacen daño. Tampoco como yo, que con ochenta y cuatro años y más, de mensajes, internet y “guasa” no sé una «papa».

Quiero recordar al niño que se despierta molesto por tener masa blanda en el “culete”, el padre para calmar el llanto, en vez de limpiarlo lo sienta en el felpudo del perro, y para que se entretenga le deja una tableta especial que tiene para ello; los dos quedan contentos, el padre manipulando el internet, y el niño con la caca y el videojuego. Es bueno prosperar, pero no a cualquier precio.

Recuerdo haber leído en algún librete de instrucciones que acompañan a estos artefactos, advirtiendo los mismos fabricantes, que pueden ser varias y serias las consecuencias que se derivan de la no correcta manipulación de estos aparatos en algunos organismos: Ataques epilépticos, tendinitis, desórdenes visuales, mentales y óseos entre otros. A la hora de agasajos a menores, tengamos especial cuidado, el qué, y a quien regalamos.

¿Usted cree que el escritor nace o se hace?

Para mí los dos términos son válidos, puede que la persona al nacer, por heredad tenga genes biográficos, es decir que estén manchados de tinta; si se complementan la heredad y la afición, mejor será el resultado, en este caso puede nacer. También se puede hacer, para mi opinión la mayoría así son; siempre y cuando las circunstancias le acompañen, cuantas personas habrán pasado por la vida sin ser consideradas, es decir sin tener en cuenta la cuestión. No solo personas simples, si no personas talentosas, que pasan por la vida sin dejar rastro.

Desde este escenario aconsejo a jóvenes y mayores, en especial a los abuelos, que en beneficio propio y de su prole, sin esfuerzo ni coste, con bolígrafo y papel, refrescando la memoria den vida al tiempo muerto, dejando como heredad el legado de su historia, que en más o menos cuantía, algún valor tendrá.

Por último decir a los administradores de turno, que tengan consideración con los escritores endebles, qué debido a los tremendos impuestos, “IVA”, si quieren publicar sus creaciones, no pueden hacerlo. Por favor, en el ámbito cultural sean precavidos y afables.

Muchas gracias Manuel por compartir con la editorial Apublicar su buen hacer. Es un honor poder servir de medio para que estas obras lleguen a los lectores, y nuestra particular recomendación es: leer la obra de Manuel Haro Campos con la mente abierta y el corazón despejado, para que germine su semilla de saber.

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